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Diamante natural o diamante artificial

No es de extrañar que quien se acerca a una joyería a comprar un diamante se sorprenda al no distinguir entre ambos tipos de diamantes. A primera vista, una vez tallados y ajustados al anillo, pendientes o collar, la calidad y el aspecto de la joya en conjunto son equiparables.

Los dos tipos de diamantes tienen la misma composición química: carbono puro (C), que cristaliza en un sistema cúbico.

Ambos alcanzan la dureza de 10 en la escala de Mohs, siendo por ello la sustancia natural con mayor dureza conocida.

En cuanto a sus propiedades ópticas, el diamante, sea natural o artificial, tiene un elevado coeficiente de refracción (aproximadamente 2,42) y dispersión (aproximadamente 0,044).

Si al comprador le preocupara la conductividad térmica, en ambos casos es extremadamente elevada, por encima de la mayoría de los materiales reconocidos.

Estas cualidades, por tanto, no nos permiten a simple vista distinguir un tipo de diamante de otro. Es decir, tenemos que aceptar con resignación la palabra de nuestro joyero de confianza. La diferencia del precio de una joya con un diamante natural o con un diamante artificial es enorme; así, por tanto, es legítimo preguntarse el porqué de ello.

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¿Es posible que las impurezas y anomalías en los cristales artificiales sean mayores que en los naturales? Esto justificaría la diferencia de precio a favor del diamante natural.

Sin embargo, la respuesta nos deja en el mismo punto de partida, pues los diamantes naturales generalmente poseen inclusiones de nitrógeno, boro u otros minerales. Mientras que los diamantes artificiales son más «puros» en cuanto a estructura. Aunque pueden, según el proceso de fabricación, tener fallos típicos del proceso de síntesis (por ejemplo, líneas de crecimiento perceptibles en CVD).

Hay una amplia variedad de colores en los diamantes naturales (incoloros, tonos sofisticados) debido precisamente a las impurezas naturales. Colores especiales que han justificado unos altísimos precios de algunas piezas únicas en subastas a lo largo de la historia.

Sin embargo, los diamantes artificiales pueden fabricarse en colores concretos (incoloros casi perfectos, azules, rosas, amarillos), adaptándose en el proceso de crecimiento al criterio del fabricante según la moda y los dictados del fabricante.

a close up of a pink diamond on a white background

Por si además fuera poco, los diamantes naturales disponen del tamaño restringido por las circunstancias geológicas, mientras que el tamaño del diamante artificial puede diseñarse en el proceso de fabricación en la cámara de crecimiento hasta alcanzar piedras de varios quilates sin problemas.

En cuanto al uso de los diamantes a nivel industrial fuera del campo de la joyería, son precisamente los diamantes artificiales los más usados en corte y perforación de precisión. También se utilizan en recubrimientos para maquinaria y semiconductores, electrónica, láseres, óptica avanzada, bisturís de precisión en medicina, por nombrar la larga variedad de aplicaciones. Todos estos usos ponen de manifiesto que el diamante artificial es elegido precisamente en el campo industrial por sus propiedades en relación a su costo de fabricación.

¿Y entonces dónde está realmente la diferencia entre un diamante natural y uno artificial?

La diferencia notable estriba en el origen del diamante.

El diamante natural tiene como origen el manto terrestre constituido a elevada presión y temperatura tras cristalizar durante millones de años.

En cambio, el diamante artificial que se hace crecer en el laboratorio durante semanas o meses.

Sus propiedades minerales, belleza, color, dureza, etc., son semejantes, pero el mercado, el cliente quiere lo genuino. No es tanto la esencia material, que es la misma, el carbono, sino el saber que el diamante natural requirió de la paciencia de la naturaleza para ser creado durante mucho tiempo. Sobre todo «el tiempo por encima de la materia». Un tiempo necesario que, en comparación con la vida de un ser humano, es eterno. El valor eterno del tiempo es lo que ha sido regalado, entregado en la mano de tu prometida y valorado por tantas culturas durante cientos o miles de años.

Menos sublime y emotivo es la razón y causa por la que un diamante artificial es más caro que otro.

Este proceso de crecimiento del diamante artificial se logra mediante dos métodos:

a) HPHT (Temperatura Alta de Alta Presencia) que replica las condiciones naturales.

b) CVD (Deposición de Vapor Químico): formando el diamante mediante capas de carbono bajo condiciones de vacío.

En esta diferencia del proceso de crecimiento se encuentra la razón de los diferentes precios de los diamantes artificiales de diferentes calidades.

El mercado valora más al diamante natural y por ello está dispuesto a pagar más dinero que por el diamante artificial. Pero el mercado, el cliente final, necesita a un joyero de su confianza que le garantice el origen natural de un diamante. Necesita de una empresa minera que trabaje en la extracción del diamante, lo clasifique, lo talle y lo ponga a disposición del distribuidor de una forma segura y con las garantías debidas.

El comprador por sí mismo no puede distinguir a simple vista la calidad del diamante que se encuentra engarzado en el metal precioso favorito del que esté hecha su joya.

El tiempo dirá si el diamante natural conserva el valor que ha tenido hasta ahora, mientras que el diamante artificial, pero indistinguible del natural, alcanza el precio de una bisutería.

Ya Aristóteles hace 2.350 años sabía por qué cada diamante natural es único y diferente de los artificiales. La «forma substantialis». La cualidad inherente que define la esencia de un ser. Esto es que un ser se distingue de todos los demás y actúa junto a la materia para constituir una sola entidad.

Así «la entelequia del cuerpo es el alma» y el diamante natural tiene alma.

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